Hijos rebeldes, ¿cómo tratarlos?

La convivencia familiar es en numerosas ocasiones complicada y más si se comparte con niños con una conducta rebelde. Lograr mantener el buen ambiente en el hogar y conseguir una estabilidad rutinaria resulta complicado. Desde nuestro equipo creemos que es necesario profundizar más en este ámbito y por ello vamos a darte algunos consejos para saber cómo afrontar este tipo de comportamientos.

⇒ Descubre si realmente tu hijo/a muestra actitudes de desobediencia. A partir de los tres años ya se puede observar este tipo de conductas.
⇒Estimula al niño destacando sus aspectos positivos. Escucha el porqué de esa actitud y explícale las consecuencias a las que se expone. Es importante que, dentro de la madurez que la edad permita, intentes transmitirle todo para que pueda comprender mejor.

⇒Nunca pierdas los nervios. A pesar de que en algunas ocasiones es complejo intentar controlarse, se recomienda mantener la calma y dar explicaciones claras. Mirar a los ojos y responder calmadamente es una de las tácticas más positivas y con mejores resultados.

⇒Obliga a seguir una rutina. Dicen que no hay nada mejor que marcarse unas tareas y un tiempo para poder desarrollarlas. En este caso, realizar una rutina escrita o incentivar al niño a cumplirla resulta de vital importancia. De igual modo, premiar su buen comportamiento o el denominado refuerzo positivo, provoca que el niño entienda que, lo que ha llevado a ese «premio», viene dado por una buena actitud.

Al igual que se recomienda poner normas también es necesario poner límites y establecer barreras entre lo que debe y no debe hacer. Partiendo de la base de la edad, es importante «exigir» dentro de unos límites, una serie de acciones, rutinas y comportamientos.

⇒ Sé consecuente con los castigos que le pongas. Levantar un castigo a la media hora de haberlo puesto no sirve de nada. Si pones un castigo, tú debes cumplir tu propia palabra y el menor el castigo que se le ha impuesto. Si empiezas siendo permisivo el menor cogerá esto como una rutina de la que terminará haciendo una obligación.

⇒No le protejas más allá de lo que realmente se merece. Si creas una barrera protectora y defiendes que todo lo que haga está bien, es posible que provoques tú mismo una mala conducta. No hay que ser más protector de lo que realmente el menor necesita. Además, dejándole un poco de libertad conseguirás que aprenda a gestionar sus propias situaciones.

Si necesitas más ayuda o quieres que te ayudemos de manera personalizada, no dudes en contactar con nosotros, en Crescere Psicólogos Barrio de Salamanca estaremos encantados de ayudarte.

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